domingo, 15 de marzo de 2020

Muñequera rosa de estrellitas blancas

Noches en vela, interminables. Risas y juegos. Peleas y anécdotas.

Tú tan callado. Yo tan loca. Tú tan cercano. Y yo aprendiendo.

- Elizabeth me hizo esto. 

+ No seas tóxico, se comprensivo y confía en ella. Y si no puedes recuperar la confianza que teníais antes, será mejor que lo dejéis. Hay muchas chicas mejores, dispuestas a estar contigo.

+ Por cierto, a mí Ale me hizo esto.

- Bah, pasa.

Siempre funcionaba. Siempre funcionamos juntos. Y pensar que ya no recordaba que me dormía con esa cursi muñequera rosa de estrellitas blancas que me regalaste por mi quinceavo cumpleaños.

Ni siquiera me acordaba. No me acordaba de algo con lo que por poco me duchaba. Siempre me la ponía y claro que pensaba en ti. La verdad es que nunca me era suficiente el tiempo que pasábamos juntos. Y si había tenido un mal día, bastaba con recordar las cosquillas que me habías hecho el paseo anterior y ya todo era más llevadero, menos malo.

Y entonces, un día, ya no estabas. O quizás, no estaba yo.

Y entonces, una noche: "yo nunca besaría al jugador de mi derecha", y bebiste, y me reí, y te dije que yo también. ¿Cómo no hacerlo? si te daría hasta el último m&m de la bolsa incluso aunque fuese rosa. No puedo decir que te quiero como a un hermano, porque preferiría comer diarrea antes que besar a un hermano, pero lo único que tengo claro es que no quiero volver a alejarme hasta que te compres ese estúpido coche naranja. Y no quiero volver a perderte aunque me llenes la casa de nata y no sepas limpiar ni la mitad del salón. Ah, sí, y me dejes tus fluídos sexuales en la manta del sofá. No te hagas el tonto.

Gracias por pedirme que te escribiera un poema. Nadie lo había hecho hasta ahora. Creo que no es un poema, pero todo eso está en mi corazón y creo que eso mola más.

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