jueves, 24 de septiembre de 2015

Relato paga Magdalene

Ella se acostaba tras una larga noche, tras un largo día. Pero eso en realidad no importaba, tan sólo había una cosa en su mente: el presente. Sobre todo, aún teniendo en cuenta la importancia de soslayar la postergación que le provocaba el pasado y la ansiedad que le incitaba el futuro, porque después de las ocho consumiciones de bebida destilada de cebada que rellenaban su estómago, era incapaz de recordar algo más allá del momento, y digo momento, ya que no fue muy extenso... de hecho, lo calificaría rápida y sencillamente como tedioso, de estudio de las seis de la tarde del mismo día. Vamos, que estaba... embriagada... beoda... achispada... amonada... ahumada... mamada... curda... alumbrada... pedo... como una cuba... en definitiva, ¡borracha!

Se quitó las gafas con los ojos cerrados más por el sueño que por la tajada que tenía, todo ha de ser dicho, y la apartó hacia su espalda, como si supiera donde estaba cada cosa en cada momento. Pero claro, ¿quién no conoce cada uno de los relieves que forman los pequeños piquitos que sobresalen de la pared de su habitación después de veintitres años y medio de vida? pero que a gusto se está, ¿eh? nuestro verdadero lugar: nuestra habitación. Siguiendo la historia, acercó el acabado de la manta hasta por encima de su hombro, primero con la ayuda del dedo gordo de su pie derecho y a mitad de la cintura con su mano, también derecha para, por último, dejar que "Morfeo no le hiciera un feo".

Pasaron exactamente diez horas, veintidos minutos y unas milésimas para el primer segundo cuando comenzaba a quitarse la imagen de la cabeza de que visitaba el inodoro para darse cuenta de que en realidad estaba en una cómoda cama, despertándose y, cual princesa que protagoniza un cuento de hadas, comenzó a ser consciente delsonido que producían los pajaros al cantar uno detrás del otro. Le parecieron unos maravillosos e inusuales cánticos... más que nada porque nunca antes los había escuchado. Algo que hacía bien el vecino de abajo por primera vez en su vida, coño. Así tendría un agradable despertar cada mañana, pensaba mientras sonreía.

Sin abrir aún los ojos, oyó cómo la puerta se abría con un crujido casi imperceptible y sonrió al escuchar el sonido de lo que parecía una bandeja sobre su escritorio. Esa mañana su padre le había preparado el desayuno, qué bien, hacía tantos meses que no le daba ese caprichito que tanto le gustaba... y entonces, se escuchó cómo se bajaba la manta, un cuerpo se acomodaba junto a ella en su cama y se tapaba hacia el lado en el que ella se encontraba. Abrió los ojos sin pensarlo. "¿Qué coño hace este hombre?" se preguntó a símisma.  Dos respiraciones. Dos, en su cogote, y ya no podía más. No sabía que pensar, qué decir, qué hacer, le picaba el tobillo, malditos pelos cuando crecen, ¡reject, reject, reject! y entonces se giró hacia el otro lado. Era su oportunidad para seguirlo y no lo pensó dos veces. Ella también se giró, como acompañando al otro cuerpo.

...

"Éste no es mi padre".
...
"Ésta no es mi cama".
...
"Ésta no es mi habitación".
...
"Ésos no son los pájaros del vecino. ¡Qué va a comprar pájaros mi vecino!".

Eran las frases que no dejaban de pasearse desde su frente hasta el reverso de su cabeza como jugando, saltarinas, sin dejarla ver más allá. Cuando se calmó comenzó a observar ese cuerpo que hasta el momento parecía totalmente desnudo. Lo olfateó desde donde estaba. Olía bastante bien por cierto. Una mezcla entre... sexo y algodón. "Un momento... ¿sexo?", pensó histérica, consiguiendo que su corazón aumentara el ritmo de los latidos y su respiración lo siguiera, dejando claro que la situación se le escapaba de las manos. Pero antes de proclamar su derrota, volvió a reparar en él. Algo indescriptible hasta el momento, tal vez abstracto que se encontraba en la persona que estaba a su lado la hacía sentir segura. Subió la mirada hacia su cabeza. "Cuánto pelo", pensó para sí extrañada. Siguió bajando la mirada por todo su cuerpo, reparando en que el tatuaje que se extendía por todo su costado se movía de una forma graciosa al mismo son al que respiraba. Algo raro, sí, pero extrañamente bonito.

Hubo un momento de reflexión por su parte. Si él estaba desnudo... significaba que ella...

Se ruborizó completamente al darse cuenta de su situación. No sabía dónde estaba ni qué había pasado, sólo sabía que no podía seguir ahí y decidió poner en marcha un plan. Había dos opciones claras. La primera: esperar a media noche, coger provisiones, hacerse con un bote y ¡remar hacia España como alma que lleva el diablo! o bien... la segunda: armarse de valor, resoplar un par de veces, contar hasta diez, recitar en su cabeza el nombre de sus constelaciones favoritas, repetir el refrán del perro de San Roque hasta que le saliera sin equivocarse, darse cuenta de que nada de lo anterior valió la pena para tranquilizarse, amoldar la sábana a su cuerpo, siendo lo único que vestía, ayudándose de una de sus manos para sujetarla mientras con la otra conseguía levantarse de la cama haciendo el menor ruido posible, buscar su ropa, llegar hasta la puerta principal, poner a prueba la rapidez de los bomberos cuando se visten antes de una emergencia, y-re ¡mar hacia España como alma que lleva el diablo!

Se decía fácil... pues en realidad lo fue. ¡lo consiguió! ahí estaba ella, a un paso de la libertad, solo tenía que girar el pomo, dar un paso y sentirse libre con razones. Pero algo fallaba. No podía ser tan sencillo algo que en su cabeza parecía tan complicado. La resaca ya se divisaba un poco más lejos e intentó pensar con algo más de claridad en la situación, repasar la noche anterior... o lo que quedaba de ella en su memoria.

Había salido hacia las siete de la tarde. Entre pulguita para aquí y caña para allá, se hicieron las once y recibió una llamada, se reunió con la pesada de Tamara en otro pub muy de moda donde se dejaron llevar...

Algo fallaba. ¿qué?

- Watch your step, love is broken... -

Sus ojos se abrieron dejando ver el verdor que los bañaba en todo su esplendor y dirigió la mirada, atónita hacia donde venía ese sonido.

- I am in every tear you cry... -

"... puto móvil, ya se me podría haber roto o perdido, me cago en..."

- And I am finding out that love... -

"No, y no para, total, ¿para qué?"

Dos segundos más tarde la canción se detuvo, pero el problema no acababa ahí. Tenía que recuperar su móvil. ¿Con qué cara le iba a decir a su padre que no sólo se le había roto el mes pasado, sino que ahora, encima, se le había perdido? No podía... simplemente, no podía permitírselo. Debía armarse de valor una vez más, tan sólo una más y salir de ahí. La canción provenía de la habitación de la que había salido hacía no sabía cuánto tiempo ya. Por suerte o por desgracia su percepción del tiempo se quedo en medio de la segunda y tercera copa.

Abrió por segunda vez la puerta de la habitación desconocida donde había dormido toda la noche. Lo peor ya estaba hecho, ahora tan sólo le hacía falta... encontrar el puñetero móvil. Por suerte aquel hombre aún dormía. Al parecer él había bebido más que ella. Menuda suerte.

Abrió mochilas y cajones con calcetines y calzoncillos, movió libros, DVDs y cajas vacías encima de un escritorio un poco... caótico, es la palabra. De hecho parecía más ordenado una vez ella había le había metido mano. Osea, a la habitación.

- Watch your step, love is broken... -

Ladeó la cabeza rápidamente, como instintivo. Esta vez la melodía venía de la cama. Vale que estaba borracha, de acuerdo, ¡¿pero cuándo se le ocurrió la maravillosa idea de dormirse con el móvil encima?!

- I am in every tear you cry... -


Se dirigió hacia el chico desde fuera, ya que la cama estaba empotrada en la pared. Bajó la sábana, subió la almohada, pasó la mano varias veces por la superficie de forma rápida, izquierda, derecha, izquierda, derecha, pero nada. Entonces se le ocurrió. Levantó su pierna derecha y sin rozarlo apenas y convirtiéndose así en la envidia anónima de todo trapecista, pasó de un lado al otro de la cama quedando sentada sobre esas sábanas que apestaban a sexo. En realidad su idea parecía mejor en su cabeza, no había mucho sitio más donde buscar y tampoco mucho hueco.

- And I am finding out that love... -

¡Estaba cerca! ¡la escuchaba! ahogada... ¡pero la escuchaba! Menudo portento de hombre con ese sueño profundo.

- Will kill and save me... -

Ahogada... miró hacia el cuerpo. No, ya no había duda: había encontrado el móvil... yupi. No pensó mucho, ¿ya para qué? bueno, como el sueño profundo de ese chico ayudaba más de lo que él probablemente imaginaría, intentó darle la vuelta suavemente. ¿Os acordáis de que cuando dejó la habitación se encontraba hacia el lado opuesto de la cama porque se había movido? Pues eso. No estaba muy segura de lo que iba a hacer. ¿Y si se había tirado a un orco del desierto? ¡No! su móvil era más importante que ninguna de esas cosas tontas y superficiales.

Los esfuerzos por darle la vuelta eran inútiles así que una vez más cambió de posición. Pasó una pierna por encima de él, quedándose entre dentro y fuera de la cama. Era algo un tanto extraño y probablemente no aguantaría mucho de esa forma. Lo cogió del brazo moviéndolo milimétricamente, pero eso no le servía, tenía que ser un poco más... tan sólo un poco más...

Se movíó, ¡estaba dándose la vuelta! ¡él sólo! una lástima que no aguantara más, su pierna rodó pero consiguió mantener el equilibrio aunque cierta parte de su cuerpo volvían a encontrarse. Por suerte vio su móvil y con una exclamación lo cogió y lo alzó victoriosa en su mano derecha.

Pero de repente sintió una fuerza en la misma mano y en una de sus caderas que la obligó a caer totalmente sobre el cuerpo del chico.

"Creí que no volvería a tenerte así otra vez" -Sonrió él de forma pícara mientras movía su sexo contra el de ella -.