"Hola", susurro como solo yo sé. No sé si quiero que me oiga alguien, escuchar la respuesta, saber quién puede ser capaz de verme. No sé si quiero saber si me importa... tengo miedo de estar vacía. De que ni un solo engranaje gire en mi interior porque una ramita se haya quedado enganchada entre algunos de ellos. La jodida. La bendita.
O de que me haya vuelto una súper heroína cuyo poder sea pensar más allá de lo que conocemos. Desechar cosas que sobran, pero que nos hacen sentir humanos.
¿En qué creo que me convertiría eso? No sé si quiero saber si me importa...
¿En qué creo que me convertiría eso? No sé si quiero saber si me importa...
De repente ya no me duele el dolor. Más bien, el dolor ya no es capaz de dolerme. Puedo sentirlo, pero prefiero tenerlo lejos y es mi corazón el que decide priorizar lo que está cerca. Como si no solo pensara mi cerebro, sino que este loco hubiera desarrollado esa capacidad con el paso de los palos. O de los años. O de los paños.
No como un perro que logra entender que si te trae la pelota que le acabas de lanzar en el parque lo está haciendo bien y le darás una chuche como recompensa sin entender por qué, ¿para qué? ya estáis tú, la pelota, la golosina y él, ¿qué podría existir más allá de eso que lo hace tan feliz aunque no lo comprenda?
Pero yo no hablo de mecánica, no. Y mucho menos de la del corazón.
¿Es eso algo lógico? ¿comprensible? ¿legal?... ¿normal?... ¿humano?
No como un perro que logra entender que si te trae la pelota que le acabas de lanzar en el parque lo está haciendo bien y le darás una chuche como recompensa sin entender por qué, ¿para qué? ya estáis tú, la pelota, la golosina y él, ¿qué podría existir más allá de eso que lo hace tan feliz aunque no lo comprenda?
Pero yo no hablo de mecánica, no. Y mucho menos de la del corazón.
¿Es eso algo lógico? ¿comprensible? ¿legal?... ¿normal?... ¿humano?