jueves, 23 de noviembre de 2017

Vehemente


"Hola", susurro como solo yo sé. No sé si quiero que me oiga alguien, escuchar la respuesta, saber quién puede ser capaz de verme. No sé si quiero saber si me importa... tengo miedo de estar vacía. De que ni un solo engranaje gire en mi interior porque una ramita se haya quedado enganchada entre algunos de ellos. La jodida. La bendita.

O de que me haya vuelto una súper heroína cuyo poder sea pensar más allá de lo que conocemos. Desechar cosas que sobran, pero que nos hacen sentir humanos.

¿En qué creo que me convertiría eso? No sé si quiero saber si me importa...

De repente ya no me duele el dolor. Más bien, el dolor ya no es capaz de dolerme. Puedo sentirlo, pero prefiero tenerlo lejos y es mi corazón el que decide priorizar lo que está cerca. Como si no solo pensara mi cerebro, sino que este loco hubiera desarrollado esa capacidad con el paso de los palos. O de los años. O de los paños.


No como un perro que logra entender que si te trae la pelota que le acabas de lanzar en el parque lo está haciendo bien y le darás una chuche como recompensa sin entender por qué, ¿para qué? ya estáis tú, la pelota, la golosina y él, ¿qué podría existir más allá de eso que lo hace tan feliz aunque no lo comprenda?

Pero yo no hablo de mecánica, no. Y mucho menos de la del corazón.

¿Es eso algo lógico? ¿comprensible? ¿legal?... ¿normal?... ¿humano?


No sé si quiero saber si me importa...


Vehemente

Tiene gracia. Siempre escribo cuando siento que estoy perdida, como si aquí dentro fuera la única ventana por la que me puedo asomar para oírme. No sé qué digo. El tiempo pasa y ya hace 11 años desde que nací. No como ser humano, no como persona, de forma natural, sino desde que me creé a mí misma por inercia. Sigo en el mismo sitio, con las mismas personas y los mismos miedos. En realidad es un saco que se va llenando y llenando, pero no tiene fondo, no hay por qué alarmarse. Hay algunos miedos nuevos, eso sí, como el de escribir un poema. No sé por qué tengo miedo a escribir un poema. ¿Hola? O por ejemplo, miedo a que el tiempo se vuelva loco. Ya está, no tengo más nada qué decir. Solo que me he hecho muy fuerte, pero me gustaría serlo tan solo un poquitín más. Mañana empieza otro cambio. Odio los cambios. Me acojonan los cambios. En realidad, me acojona el momento previo a un suceso diferente, porque mientras esta ocurriendo lo disfruto y aprendo, y una vez que ya pasó pues... simplemente lo acepto. Pero es la incertidumbre lo que me mata. Bendita curiosidad, la amo.

martes, 14 de noviembre de 2017

0,53

Es una noche como otras, día de grandes noticias, buenas y malas, tú no estás, todo sigue, parecía mentira pero no lo es, obvio que es mejor y así, que la mente no interfiera, salud, otra vez, que por el dinero hemos llegado a esta tesitura, y entonces es de noche, como ya he dicho, pero lo vuelvo a decir porque soy un árbol, un bosque más bien y siempre me voy por las ramas.

Es de noche, tercera vez pero primera en discordia, me llega un mensaje, no es la primera vez, pero me habla y somos muy afines, nuestros gustos se comparten, me hace gracia su filosofía, como la de un niño que esta aprendiendo a no ser tonto y quiere que el mundo sepa que le queda poco para llegar a una época aún más difícil que la adolescencia, sobrevalorada en cuanto a esfuerzos y agonías, chaval, que aún quedan los locos años 20, que son lo mejor y lo peor a la vez. Como tus sentimientos encontrados.

Hablamos de que compartimos un mismo sueño y es muy probable que solo uno de los dos acabe por conseguirlo. Tú tienes más ilusión, más inocencia, pero yo estoy más cerca y tengo más dolor y trabajo a mis espaldas. El duelo de titanes, pero eso ahora no importa, lo único que importa es que hay 800.000 personas aquí, e incluso creo que me quedo demasiado corta, pero soy de letras, es algo normal. Y me encuentras a mí, que compartimos el mismo sueño. Y me encuentras a mí, que probablemente te haya visto pasar y haya pasado de ti. Tan solo 2 km nos separan y ahora me hablas de ciencia y probabilidades cuando yo lo llamo "destino". No sé que me enseñarás o qué podrás aprender de mí.

Me pasas un trocito de tu sueño y ahora también es mío. Adivina su nombre: "¿crees en el alma gemela?", por supuesto que tú no eres la mía, ¿cuántas posibilidades hay de eso? espera, ¿no había quedado claro que a eso lo llamábamos "Destino"? Es igual.

Te cuelas, y habla de eso, en realidad, de la poca esperanza de que exista un alma gemela, de que tan sólo se trata de media persona y confianza. El 0,53. El 0,53 de una persona. Pero, llevo desde ayer hablando en una conversación paralela a la tuya de una de las cosas que más me gustan, y entonces, también es una de las cosas que más te gustan a ti. ¿Qué ocurre aquí?

Es demasiado descarado hasta para Dios, que nos han plantado al uno en frente del otro, la pregunta es... ¿por qué?

domingo, 12 de noviembre de 2017

sábado, 11 de noviembre de 2017

Estoy igual que antes de irme, sin ganas de hacer nada, sin ganas de vivir. Y creo saber ya cual es la razón.

¿Y ésta era la vida que yo tanto echaba de menos hace una semana? ¿Estar en mi hogar para morirme de ganas de estar sola solo por no escuchar esos comentarios hirientes de la gente que más quieres?

Hay más de una forma de control y de manipulación. No todas las personas manipuladoras son malas, pero todas hacen daño y es entonces cuando me nace estar sola porque mi cabeza y mi corazón están mejor sin nadie y por supuesto sin escuchar ese tipo de mensajes, que tiran por tierra todo lo que soy y lo que he hecho naciéndome del alma. Como si hubiera importado una mierda. Venga, Yuna, ayúdame, okey, venga Yuna, un poquito más, okey, venga, Yuna, ahora arrástrate por el suelo que es lo que necesito. Uh, no. Pero es que ni me lo vuelvas a insinuar.
Y luego está esa gente que se cree que le debo algo. Es mucho más fácil buscar a otra persona, que intentar que yo escuche esos absurdos y egoistas comentarios que salen de vuestra boca. De nada.

Yo, soy yo, tal cual, como la propia palabra lo dice. Y así como yo no voy por ahí intentando cambiar a la gente para que se adapte a lo que a mí me gusta o a lo que yo quiero, como por ejemplo hablarte yo a ti porque te des cuenta de que estuviera hablando con más gente, cuando tu podrías haber hecho exactamente lo mismo, o sin ir más lejos, repetir cincuenta veces el mismo argumento para que elija un trabajo que a ti te parezca mejor. Oh, trabajo MÍO, por supuesto, no TUYO.

Justo en esos momentos, echo más de menos que nadie estar en Lugo lejos de vosotros.

¿Duele, eh? Imaginaos a mí.