domingo, 8 de marzo de 2020

(2/3) Dos: y

Deaíchpanalachér señaló con la mirada acompañada de algunas palabras que no entendí, al vaso de chupito, incitando al pequeñín, claramente mayor, a probar algo de alcohol local, supongo. Mientras yo maldecía y daba por perdida la playlist "love" de Spotify, que parecía no encontrarse en esa laptop. Al parecer los hamsters que se encargan de mover las rueditas de la RAM no habían recibido suficientes zanahorias durante los últimos días. Había sido carnaval, algo se nos tenía que haber olvidado. Parezco una diosa del Olimpo pero tan solo soy una humana, ¿vale? aunque una muy guay.

Uno de los hamsters se rascó la barrigota descubriendo bajo su pucuñutu ombliguito, un trocito de zanahoria. Lo que significa que finalmente apareció algo en pantalla y fue esta canción. Reproducidla mientras leéis lo demás. No he estado cuarenta minutos escribiendo todo esto mientras escucho los mejores temas instrumentales del anime, para que ahora no creéis el ambiente idóneo para disfrutar de lo que queda de relato.

Benjamin bebió y bebió.

- Es agua. -No paraba de decir sin entender por qué todos le mirábamos.

A la vera de Freddy Mercury, Deaíchpanalachér se inclinó, hincando una de sus rodillas en el suelo. Hasta ese momento no sabía que era rumano criado en la misma ciudad en la que yo nací, tampoco era consciente de que llevaban año y medio juntos, mucho más de lo que yo jamás he estado con alguien. Mucho menos me esperaba lo que iba a suceder a continuación.

Hablaban muy bajito pero de verdad, de verdad de la buena que eso no importaba. Freddy decía todo lo que necesitábamos oír en ese momento. Mis ojos se centraron, incontrolables, únicamente en un punto del salón: la mirada de Deaíchpanalachér. Una ráfaga más rápida que el internet, visible de ese color solo a mis ojos, me golpeó con fuerza en toda la frente, quemada por las dos horas que estuve en la manifestación la mañana anterior. Lo que todos olvidamos, regresó.

Lloré. Sin importar que nadie supiera por qué. Sin importar que ese momento volviera a tener jamás significado para más nadie que para mí. No necesitaba compartir con nadie ese sentimiento que siempre se quiso caracterizar como atemporal.

Pero la cosa da un giro de tuercas ahora, tranquilas.

Olía a dudas pero también a amor. Por lo que cada vez entendíamos menos lo que estaba pasando delante de nuestra mirada perdidísima pero agradecida de poder presenciar desde fuera un acontecimiento que ni por asomo pensábamos que era tan importante como luego acabamos entendiendo.

Al final todo acabó como todo pacto: en beso, además de aplausos y felicitaciones por nuestra parte. Ah, sí, y en lágrimas tanto mías como de la señora irlandesa de la famosa mesa 2, que me había pedido otro Sprite-Smirnoff con dos piedras de hielo, una rodaja de limón y pajita.

Volví a la barra donde, sin Laura ni Yahiko, la fiesta seguía y yo ya no lloraba más. Me costó un poco no hacerlo más tarde, cuando me preguntaron si a mi me habían pedido la mano alguna vez y qué sucedió para que nunca llegase a celebrarse mi ceremonia soñada con la OST del Devil May Cry 4 de fondo. Pero eso ya son divagaciones y trivialidades que no vienen a cuento, porque esta historia no es la mía.

Deaíchpanalachér me dijo que Benjamin le pidió que me enseñara una foto de él antes. Sonaba bastante raro, pero tal vez no eran muy completitos así que entre sonrisa y sonrisa, cazo de café en el lavavajillas y tapitas en su sitio, esperé. El rumano giró el móvil hacía mí y mis ojos vieron una foto algo a oscuras que llegaba a ser incluso íntima. Era el rostro de Benjamin, pero totalmente diferente. La expresión no era de un perro perdido, sino de uno sensual de ojos verdes, que miraba algo que le iluminaba la tez. Probablemente la pantalla de un ordenador. Tenía un pelo firme, encerado y una barba tan densa que vería normal que algunos llegaran a llamarla "hipster".

- ¡Qué guapo! -¿Para qué ocultar mi asombro ante ese gran cambio?-. Estás guapísimo, aunque ahora también. ¿Cómo te gusta más a ti? ¿Más rapado o como tenías el pelo ahí?

Una sonrisilla hizo su aparición, como el que llega por los pelos a clase pero nadie se da cuenta de la adrenalina y preocupación que generaba su cuerpo al pensar que podría llegar tarde.

Miró hacia la foto del móvil.

- Pero a mí me gusta más así. Le da más pinta de malo, de machote. -Añadió su futuro esposo-.

- Yuna, ¿crees que estas son las Nordic que hacen falta? ven a ver.

Fui hacia Monty, que frente a una botellera abierta, sobra especificar que se trataba de la que enfriaba las tónicas, Coca-cola, Coca-cola Light, Sprite, Aquarius de limón y Nestie también de limón, sostenía un boli cuya parte trasera me señalaba, de forma común, el bloc de notas que utilizamos tanto para apuntar comandas como para en ese momento de la noche, comenzar a escribir las reposiciones.

Bajé la vista hacia la pequeña libretilla que esta vez, no tenía números rellenándola y mucho menos las bebidas que faltaban por reponer. En su lugar se encontraba una frase que desharía todas las ciudades, montañas y cordilleras, mares y oceanos, que había sobrevolado con mi pajarito las semanas anteriores.

"No digas nada en alto. Está enfermo de verdad".

Deaíchpanalachér se fue al baño, yo no entendía nada y entonces pisé, firme, la pared de arena que haría que lo que quedaba de mi palacio de princesa, cayera: ¿te lo esperaste alguna vez?

- No, no es algo que pensara. Pero no puedo evitar creer que me lo ha pedido porque como me estoy dando quimio... ¡pero no voy a morir! Sé que no voy a morir. "I'm a strong boy"-. Rió.

Rió.

- ¿Y a ti? ¿Te han pedido matrimonio alguna vez?

Fin de la parte dos.

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