miércoles, 11 de marzo de 2020

Ahora que está en tus brazos

Han pasado algunos meses y todavía me doy golpes en la cabeza por haberla dejado ir. Por haber tenido en mis prioridades estupideces que creí que eran importantes y ni siquiera poder recordar cuándo fue la última vez que escuché sus piececitos correteando por el pasillo.

Pero no he venido a hablar de eso, ya que mi arrepentimiento no está en discusión y tampoco en trámites de reconciliación.

Ahora ella está contigo. Tan feliz como hace tanto tiempo no la veía. Y aunque daría cada órgano de mi cuerpo por ser yo ésa que le causa lágrimas de tanta risa, sé que mi tiempo ya pasó y estoy ahora donde pertenezco, que es su pasado.

Lo sé. Es muy tonto que yo te diga esto siendo la imbecil que la hirió, pero por favor, no la lastimes. Parece fuerte... Y lo es. Pero también se quiebra y no lo dice. Puede que no la veas llorar porque a ella no le combina ser fuerte con dejar ver su debilidad, pero sí que lo hace. Y si sus almohadas la hubiesen podido escuchar durante esos fatídicos cuatro años, ya se habrían suicidado o mínimamente mudado de apartamento.

Créeme, ella vale hasta el último dolor, hasta la última gota de vida. Porque con ella hasta los pisquitos de galleta que deja en la mesa parecen arte y combinan tan bien en la leche que se toma, ama sin límites, ayuda como si no hubiese un mañana, se entrega sin quedarse nada porque nunca ha tenido miedo a amar y tampoco a recibir. Ella es esa hendidura en la vida donde vale todo y cada dolor por volver a caer hasta hacerte la loca para seguir tropezándote y abrazando cada circunstancia que te hace cruzártela en el camino.

¿Qué si siento rabia? Me cago en la puta. Siento que podría odiarte toda la vida. Podría vender mi alma al diablo y pedir que no existieras. Pero aquí estás y quiero que seas tú quien repare cada grieta que los terremotos le han dejado, que ella ha sido foco de epicentros tantas ocasiones ¡y mírala! Ahí está, de pie, como si nada. Cantando las mismas canciones de las que jamás se cansa, comiendo chuches de madrugada y bailando como solo ella entiende que va la música.

Ahora que está en tus brazos, hazla feliz. Sé todo lo que yo no pude ser y dale todo lo que a mí, por idiota, se me pasó.

Y antes de marcar prioridades en tu vida, mírame a mí, desecha y rota por desear UN SEGUNDO MÁS a su lado.

No te conozco, no sé más de ti, solo que le has traído la sonrisa de vuelta y con eso me ha bastado para venir a decirte cuánto puede ser ella en tu vida. Porque lo que una vez toca, le pertenece. Y si se marcha, hasta los calcetines y las cobayas lloran su ausencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario