- "No llores, Yuna, ahora sí que no". -Me repetía y me repetía mordiéndome la lengua dentro de mi sonrisa.- "Éste es el minuto en el que menos egoísta vas a tener que ser en toda tu puñetera vida".
Benjamin daba la gran noticia a su suegra por teléfono, Deaíchpanalachér me pedía un chupito de Ronmiel mientras me explicaba lo maravillosa que iba a ser su boda en Las Canteras. Cómo se sentía al volver al sitio que lo vio crecer solo y que ahora lo vería feliz.
- "Y eso es todo lo que pasó, mamá. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? que yo solo podía pensar en una cosa. Soy gilipollas".
Me abrazó.
- "Estoy muy orgullosa de ti, mi hija. Y de que tengas esos sentimientos tan buenos. No eres gilipollas".
Y sí, solo podía pensar en una cosa: la bolsa de chuches que se encuentra en ese buzón de Cueva Torres para que la mañana le sea más dulce, sin esperar ya nada a cambio, sin recordar las culpas, los "pero tú también lo haces", las confusiones, las películas mentales, los jueguecitos innecesarios que me partían el imen, pero no para bien. Sin recordar lo que no fue suficiente y lo que sobrepasó la demasía.
Al final, me alegra poder estar igual de orgullosa que mi madre, de que siempre que piense en el final, la única cosa que me vendrá a la mente, como me enseñó Deaíchpanalachér y Benjamin, será la tarde de conversaciones interminables mientras veíamos esa peli de miedo, ella se estremecía, asustada de verdad, yo soltaba mi carcajada típica que tanto odio escuchar en vídeos y nos comíamos ese buzón.
Fin de la última parte.
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