domingo, 8 de marzo de 2020

(1/3: primera parte) Uno: Luces

- Hay dos chicos muy extraños en la mesa 9, Monty, donde el señor de la jarra y cenicero de todas las noches".

Fue la primera frase que recuerdo de lo que marcaría la parte del corazón que aún hay días que está empacando para irse con ella. ¿Cuántos billetes de solo ida habrá comprado ya? Me voy por las ramas, sí, "uh, uh" (es el sonido que hace un mono, pero no uno de los feos, gracias).

Yahiko se dejó llevar por su lado más "Jorgejavierístico" y se levantó de un salto del taburete. Hecho que tengo que añadir que con la altura de estos, llevar acabo el descenso hasta el suelo del bar con un resultado positivo es más difícil que decir febrero en inglés. Esas malditas sillas del infierno probablemente servían como artefacto secundario durante el reino de la guillotina francés, cuando la última máquina de Marsella se había oxidado. Al ver a los dos "personajes", reculó. "Cagoncillo", pensé. Aunque yo en su misma situación probablemente me hubiese escondido debajo del barril de cerveza, también te digo.

La puerta abierta junto con la oscuridad de la noche, lo poco que alumbran las farolas de la calle Ripoche y mi miopía, no ayudaban a adivinar qué situación rocambolesca estaba sucediendo fuera.

Uno de los dos, el más bajito, con gorra, un potara bastante parecido al de Vegetto y cara que sin mucho esfuerzo me recordaba a la de un pequeño bulldog un poco perdido en el parque, se acercó a la barra.

- Hola, ponme una cerveza". -Me dijo con un pésimo acento inglés. Más que el mío, incluso-.

"¿Pequeña o grande?"- Por supuesto que grande, es la pregunta más tonta que hago durante todas mis jornadas de trabajo. Todo guiri va a pedir una "raja", como me dijo hoy una clienta francesa. La cara cuestionante al explicarle la diferencia en español entre "jarra y "raja" no tuvo precio alguno.

- "También un gintonic". -Añadió-.

- "Which kind of gin do you want?". -La tercera pregunta que más repito al día-.

- "La mejor que tengas".

Me quedé pensativa. Claro que sabía que la Hendricks y la Tanqueray Ten con lima eran las más caras y por tanto las mejores, pero la verdad es que esa respuesta sí que no me la esperaba. Le saqué la cuenta al momento. No me fiaba mucho de sus pintas. Llamadme clasista pero prefiero ahorrarles a mis jefes más decepciones por mi parte. Ya sabéis, Fanny y Ale (Como que hay alguien más que lee mi blog): "Más vale prevenir que ciento volando". -Jorge Bucay, 2037-. Juro que hoy es el único día desde hace dos semanas en el que estoy sobria a esta hora y creedme también cuando os digo que estoy empezando a arrepentirme.

Empecemos a diferenciarlos para no liar a nadie. Benjamin es el "bulldog" y al otro le llamaremos, por ejemplo... no sé: "Deaíchpanalachér".

-

Justo después de pagar, Benjamín y Deaíchpanalachér se encontraron en la barra tan solo un par de segundos. Como en una carrera de relevos. El primero se dirigió al baño. Ya no recuerdo si me preguntó dónde estaba o lo encontró por intuición perruna. Yo, por mi parte, no le quitaba ojo a Deaíchpanalachér, que parecía que en cualquier momento iba a armármela. Y efectivamente, lo hizo, pero no de la manera en la que yo pensaba.

Suspiró.

- "Tengo que hacerte una pregunta... especial". -Pensé lo peor de esa frase formulada con lo que para mis oídos se trataba de un discutible acento francés. Lo mismo que habéis pensado vosotras pero multiplicado por cien perversiones más-.

- "Dime". - Espeté, muy cagada.

- "Voy a pedirle matrimonio a Benjamin pero no sé cómo".

¿Qué acababa de escuchar? Discutimos rápidamente sobre cuál sería la mejor manera y sobretodo la más rápida. Con suerte, tendríamos hasta que terminara de hacer caca para prepararlo todo en la propia barra. Laura y Yahiko, por su parte, ya se iban. No se enteraban de nada. Putos, ambos.

-¡Chicos, no podéis iros! ¡Os vais a perder el momento más especial del día!

Salieron a la luz varias ideas. Colocarlo dentro de su cerveza, en un vaso de chupito... obviamente no cabía, ya lo sé, ¿vale? Pero al fin lo teníamos. Nunca un vaso que utilizamos para la gente exquisita que quiere su maldito café pequeño en un estúpido vaso transparente, encontró mejor uso. Lo llené de agua y... era el momento. Sostuve la alianza de oro blanco y zafiro que brilló malamente debajo de una de las cuatro lámparas de luz tan amarilla como molesta que coronan la barra y lo solté justo antes de que Benjamin hiciera su segunda aparición en lo que se estaba convirtiendo a pasos agigantados en una sitcom muy peculiar.

La mesa 2, que solo hablaba inglés, se encontraba muy intuitivamente espectante. No es que la mesa hablara, me refiero a la pareja de viejines irlandeses que me habla muy rápido, se ríe y yo me río también por inercia yéndome muy lejos, fingiendo que he entendido algo de lo que han dicho. Spoiler dos puntos pero no.

Todos les mirábamos atentos. Todos, menos la pesada de la borracha de Laura que no paraba de decir que quería irse a casa. Estúpida hetero. Algo me dice que me va a caer demasiado bien.

Fin de la parte uno.

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