Eras mi amiga. Nunca fuiste la mejor pero siempre estabas ahí. Me hiciste rabiar muchísimo. Aguantar las lagrimas tantas veces. Pero te quería. Hoy llego a mi casa caminando con paso firme, pero escucho un paso aún más firme que el mío delante de mí. Al menos, en apariencia. Ya te conocemos. Sonrío al móvil. Ahora hablo con amigos mucho más grandes que tú. Aunque eso no es que sea algo muy difícil. Levanto la mirada y veo tu pelo ondulando. El mío, recogido. Tu chaqueta larga, probablemente de marca, clara. Yo un pullover talla L de ocho euros que conseguí de oferta en Lefties, negro. Tú a tu derecha. Una farola entre las dos. Yo a la mía. Tú en tu mundo. Yo en el mío. Echo de menos tu parte buena. El problema es que creo que es exactamente igual que tu pelo, tus labios y tu paso firme: una mentira.
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