Ayer le vi y el asco que recorrió mi cuerpo no fue ni normal. Me hubiera encantado hablarle para luego escupirle, insultarle y maldecirlo.
Pero no lo hice. No por cobardía, porque bravura me sobra. Fue por preferencia. Preferí ser indiferente. Que me viera, porque me verá, y se imagine lo feliz que soy ahora que ya no me doma, me manipula, me trata como basura y me hace pequeñita.
Del odio al amor no siempre hay un paso.
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