Pues eso, al fin estábamos solos. Son esos los momentos en los que me doy cuenta del tiempo que desperdicié. Mientras me ponía la mano en el cuello, me gemía al oído y me decía que daba igual que tuviera la bacteria y no pudiéramos tener sexo, que queria verme, mañana a ser posible. Llego a mi casa me miro en el espejo y estoy tan lejos de nada tóxico que me importa una mierda no poder casi ni caminar por la bacteria, estoy feliz de encontrarme lejos de cualquier ambiente tóxico.
Respiro.
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