Coges mi móvil a cinco centímetros de mi cara. Si supiera el dato que me falla no dudaría en saltarlos en un ollie mal hecho.
Me confundes. Me confundo. Me sorprendo. No lo entiendo. Y lo intento. Olvidarte, como cuando estaba con ella y aparecias. Y le parecia lo que a mí a veces. Cuando no soy consciente de que tardaste meses en seguirme en instagram. Cuando olvido que aun no has guardado mi número en whatsapp.
"Chivata" me picas, me tocas, me juegas, me rabias, me irritas, me buscas la mirada y sonríes. Y qué sonrisa, por dios.
Y me voy a dormir dolorida por fuera, cual gorrión. Hacia calor. Más por la fiebre. Y después de horas apretujados en el sillón que se dobla en tu asiento y el mío, como arenas movedizas que nos obligan a reclinar nuestro hombro hacia el del otro, decido poner fin al día porque no puedo. Y lo más probable es que nunca lo haga.
Y entonces, cuando hay mas espacio en el sillón y mi pitu chicana es más agradable y abierta que yo, si cabe, no te quedas a su lado, porque yo no estoy. Te sientas en la silla dura donde nadie quería estar.
Y siempre es lo mismo. A veces pienso en atacar, no solo en seguirte el rollo. Al final, no tengo nada que perder mas allá de tu bajo perfil.
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