Paso más tiempo con mi madre, la echaba mucho de menos, malditos horarios incompatibles. Maldito calvo estúpido unga unga enfermo mental. Ojalá despierte algún día.
Me hago más fuerte y me respeto más. En la cuarentena hago cosas que ya no hacía, me conozco más y me respeto, me tengo en cuenta, cosa que es algo que desde hace cinco años o incluso más, si empatamos, no hacía.
Descubro que nunca necesité que nadie me cuidara ni me protegiera. ¿Qué hubiera sido la polla? sí, pero por algo fue que nunca sucedió así. Y ahora lo sé. Hubiese sido más fácil si no me hubiese puesto una venda en los ojos en ese momento. Siempre lo hice lo mejor que pude, al igual que ahora, al igual que siempre haré.
"Acógete a la verdad, y alégrate si te odian por ello". Llegué a mi límite con el tema estúpido éste del odio, de la rabia, de las niñatadas y de demonizarme y dejar que me demonicen.
No tiene sentido luchar contra algo que no quiere ni perder, ni ganar, tan solo matar.
Por suerte existe gente empática y buena, como pajaritos maternales, parlanchinas nobles y chiquis lindísimos y primerizos.
Ha sido porque han querido quedarse, por lo que ahora soy feliz. A pesar de la distancia y los despistes, a pesar de la locura e infantilidad, a pesar de mis demonios y neurosis.
¿Cómo, siendo yo con todos ellos, puede haber gente que me adore y otra que me odie? es algo que me da mucha curiosidad, pero que nunca podré entender.
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