jueves, 3 de noviembre de 2016

Entre un bosque de espino crece una rosa, ella mira al sol cada día y cuando se hace de noche sigue embelezada, esperando esos rayos que desprenden esperanza. Alguna vez los espinos la rozan, le rasgan y a pesar de que de ésta broten espinas por todo su cuerpo, las ignoran. Lo han hecho tanto, tanto tiempo que ya ni siquiera se protege. Sabe cuál será el resultado, pero no importa, porque siempre llegará el día y con él, su amigo distante, el sol.

Pero un día, éste no aparecerá y la soledad invadirá a la Rosa. No importa dónde mire o hacia dónde se dirija, ya nada importa. ¿Qué hago? Quiero decir, ¿Qué podría hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario