La tormenta en tu piel es una sirena, que coqueta, susurra "b7" y acaba por hundir el submarino más grande de toda tu flota.
¿Y qué haces tú? Te giras hacia donde viene el viento sin saber qué hora es y con la mano sobre tus ojos entrecerrados porque el sol no deja que nadie brille más que su sentido común, sonríes, marinero de agua dulce.
En el borde de estribor, a tus ojos: la derecha, a su corazón: siempre la izquierda, caes de espaldas sin perder nunca la compostura, caballero. Tsunami.
Una mantaraya con luz propia como el sol, te asfixia. Como marinero: "curioso", piensas. Como escritora, aún a gritos de advertencia: ¡maldita mujer! Tú no dejas de escribir porque recuerda: tú ya no eres eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario