Abro los ojos y me preocupo. Me duele la espalda, me pitan los oídos y mi pecho duele. Duele pero no. Porque ya no confío en ti, no confío en nadie.
Siempre parece que una decepción será la última. Bueno, no la última, pero si al menos la última que no te dolerá, pero para mi sorpresa, de repente, sin esperarlo, cuando mejor están las cosas, cuando más miedo de perder lo que tienes te irrumpe dentro, llega. Y es cuando un poquito de tu corazón se rompe, lasca a lasca, como si una hojilla no vacilará en desflorar una rosa gris, amarga pero coleando.
Vaya por Dios. Al menos, esto me demuestra que soy humana. Viva la humanidad y la vida.
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