martes, 20 de enero de 2015

Adiós, Galaxia, adiós.

Se me ha roto mi pequeñín; mi móvil, pero sinceramente no me ha dolido tanto como cuando casi se me rompe la psp. No me importa, he puesto el whatsapp en el ordenador y lo demás, bueno, no lo usaba para mucho. Las canciones y mis archivos están a salvo. No tengo nada que se me quede atrás ni que vaya a echar de menos. De hecho creo que agradeceré no estar enganchada o no sé.

Me he dado cuenta de que caer en las redes de algo es demasiado fácil y por mucho que te niegues, desde que consigan abrirte una brecha, se meten pa' dentro como si no hubiera un mañana. Y entonces te ves a ti, que ya has pasado por eso antes y dices hey, stop, aquí te me vas a quedar, fuera de mí. Me gusta demasiado mi vida ahora, mucho más que el momento  en el que me haces una caricia o me pasas la mano por la cintura. Y no, no lo siento, que lo sientan los demás, los que me han hecho daño.

Como se me ha roto el móvil,  he cogido el que tenía antes de éste y he visto fotos de mi Windir y una mía con un corte que la verdad es que me quedó bastante bien. Y mis bracitos como siempre ahí, pa' joder. 

Entonces fui a mensajes y vi muchos que me enviaba el parásito, cuando creí que no era un microbio inmundo que tejió, cual araña, una mentira desde el minuto uno. 

Ahora entiendo que intentaba ser como yo y se perdió por el camino de la asertividad, que no es para los que están mal de la cabeza, precisamente.

Esos mensajes... que prometían amor eterno, me llamaban por apodos cariñosos que sólo entendían dos personas en el mundo y una de ellas era yo, que estaban adornados con corazoncitos <3 y frases cursis que podían hacerte vomitar o que sintieras el amor aún más destructivo dentro de ti...

... me han hecho estar más segura en un momento de que quiero alejarme de todo aquéllo que me acaricie y me rodee la cintura con su brazo. De naranjas y cafés, de tatuajes que me pongan algo perrona y de momentos de seguridad que me hacen sentir todo lo contrario a lo que son.

Paso de más galaxias de mierda.

Y cómo me gustaría gritarle: "¡¡¡¡deja de luchar por mí!!!... por favor... ¿no ves que sólo conseguirás matarme?"

No me contestes cuando tarde, no me busques cuando no me veas, no me eches de menos cuando no estoy, ni trates de buscar conversación cuando ya te la he cortado, porque es la única manera que tengo de no morir por algo que en un momento puede importar más que nada, y al día siguiente sea polvo en el puto viento.

Las cosas no valen la pena. Nada lo vale, todo es perecedero. Las cosas se sustituyen, nunca quedan en el interior. O tal vez sólo me pase a mí y a los que son monstruos como yo. O miedicas que huyan de la destrucción segura e inminente de lo que son.

Talo vez no seamos miedicas y seamos listos. Tal vez sólo sea una elección o tal vez prefiramos ahorrarnos momentos malos, intentando alejar los buenos que los acompañarían sí o sí, porque no necesitamos nuevas situaciones en las que volver a sopesar, coño, una y otra y otra vez.

Paso de galaxias de mierda coño ya.

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