Ahí estaba yo, no sé muy bien porqué, pero los pies me deslizaban sobre el suelo. Entré en ese aula y ahí estaba él. No le hice ni pizca de caso, tan sólo se lo hice a los carteles que decoraban la pared y una y otra vez me hablaban sobre unas puertas. Sobre las llaves.
Volví atrás para coger lápiz y papel y evitar que se me olvidara la nueva información, pero al ir nuevamente, él estaba delante y me tapaba completamente la visión. Intenté hacerme hueco pero sólo me encontraba con su asquerosa chaqueta de cuero delante de mí. A veces negra, a veces marrón suave desgastado.
Para mi sorpresa, cuando se apartó, ese cartel ya no decoraba la pared. No sé porqué no le dije nada, pero por supuesto que sabía que había sido él quien se lo había llevado. Sin embargo, él fue por su camino y yo retrocedí hasta otro cartel que, no sabía porqué, aunque tampoco lo pensé, no se lo había llevado.
Hablaba de tres combinaciones, tres llaves. Tres. Son tantas las referencias que me vuelvo loca. No recuerdo si decía algo sobre tres puertas.
Sin embargo, cuando miré hacia atrás, ahí estaba ese hijo de puta, quien, tras haber dado un puñetazo a algo, ese algo cayó al suelo prendido en fuego, y éste se fue con una sonrisa en su cara.
_
Anoche estuvo aquí, creo. Si no, al menos, me avisaban. Y bastante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario