Sola, encontró gente buena que no dudó en comprarle regalines cuando estaba de bajona. Se reconcilió con otros a los que había dejado de hablar por celos enfermizos sin sentido y esos no dudaron en estar ahí en cada una de sus crisis existenciales. Sin embargo, esa gran amiga y el otro colega, decidieron hacerla beber y beber ginebra, mandar indirectas asquerosas y encima intentar dejarla de loca. Más luz de gas no le cupo y gritó, lloró más, plantó cara por primera vez en mucho tiempo y encima, fue la mala. Pero se acogió a la verdad a pesar del odio y pudo seguir viviendo. Quiso seguir haciéndolo.
Hablemos en primera persona, que la disociación afectiva la dejé atrás a los 19.
Hace un año, luchaba por demostrar mi inocencia y nadie me creía. Decidieron por sí mismos no hacerlo. No tenía ni por qué, pero lo demostré y me quedé más ancha que pancha. ¿Se dice así? Me sentía vacía, fría y con muchos problemas. A nadie le importaban. Mentira, a Ruth sí, y menos mal. Si no, dudo que ahora estuviera aquí.
Nadie lo sabe, pero ayer quise beber. Hoy quise beber, olvidar, transformar, vivir algo diferente a lo que sentí hoy hace un año. Solo quería beber por eso, no sabría explicarlo. Simplemente, no quería hablar del tema.
Jamás me habría imaginado que hace un año me sentiría tan sucia que llegaría a casa y simplemente querría ducharme y olvidar, restarle importancia, hacer como si nunca hubieran intentado hacer el gilipollas y pasarse conmigo. Pobrecita. Quise llorar, de hecho lo hice. Hoy lloré por mí. Por aquélla chica que pensó en todo menos en la cajita de su pecho.
Y hoy, ese mismo día frío y nebuloso en el que se sintió más sucia que un vertedero en el fondo del Universo, sí, volví a beber, pero canté, bailé, la cuidé, la besé, me llené, me reí y todo sin cuidar lo que decía, sin dejarme manipular, sin sentirme juzgada, sin cosas insanas y gestos turbios y perturbadores, sin caras largas de mierda, sin cortes de rollo con el único fin de bajar la moral, sin conversaciones planas y estúpidas incompletitas. Hoy, el mismo día que me destruyó Diciembre, me ha dado la vida. Gracias a todos por quererme tal y como soy.
Y todavía llego a mi casa y le pregunto a mi madre:
- "Mami, ¿tú crees que soy buena persona?".
- "¿Con quién estuviste hoy?" - Me pregunta ella automáticamente.
Entonces lo entendí.
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