sábado, 26 de octubre de 2019

Apareces ahora, como transmutado. Gritas mi nombre, lo cantas, lo llorarías, lo besarás. No me buscabas a mí, pero me esperaste. ¿En qué sano juicio cabe eso? ¿Acaso queda alguien sano en esta vida? ¿Aparte de ti?

¿No te da miedo ser el único bueno en un mundo de gente mundana como yo? ¿humana? 

¿Dónde estabas hace diez años, cuando era yo la que te buscaba a ti?

Y entonces osas cambiar mis paradigmas vitales, mi ética inamovible. Consigues que dude de mí casi más que de ti. Me inquietas tanto que acabo convirtiéndome en un perro que inclina la cabeza hacia los lados para intentar acercarme a comprender el idioma en que me habla la ternura de tu voz.

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