viernes, 6 de marzo de 2015

               ¡Qué honrada dueña recibió en su casa
               don Pedro en Fabia!  ¡Oh, mísera doncella!
               Disculpo tu inocencia, si te abrasa
               fuego infernal de los hechizos de ella.           
               No sabe, aunque es discreta, lo que pasa
               y así el honor de entrambos atropella.
               ¡Cuántas casas de nobles caballeros
               han infamado hechizos y terceros!
                  Fabia, que puede transponer un monte;          
               Fabia, que puede detener un río,
               y en los negros ministros de Aqueronte
               tiene, como en vasallos, señorío;
               Fabia, que de este mar, de este horizonte,
               al abrasado clima, al norte frío           
               puede llevar a un hombre por el aire,
               le da liciones.  ¿Hay mayor donaire?

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